Recibí ese mensaje tuyo, no sabía que hacer, una sensación extraña invadió mi mente, enormes fueron las ganas de leerlo y saber que decía pero al mismo tiempo recordé que ya no debo pensar en ti y que lo mejor que puedo hacer es olvidarte, pero soy débil ante ti y no pude evitar el querer saber que tenias que decirme.
Al final y por extraño que parezca esas dos palabras tuyas me hicieron feliz. Te amo.